domingo, 30 de mayo de 2010

La Tradición

La Tradición

Por: Rab Avigdor Miller

S.-...

J.- Pero todos los hombres tienen deseos que los sobornan evitándoles ver la Verdad. Los científicos materialistas al igual que los idólatras. Entonces, ¿cómo es posible para un hombre ver la Verdad?

S. -En la actualidad los únicos hombres capaces de reconocer la Verdad son aquéllos que la adquirieron por tradición.

J. -Pero los hombres pueden no desear atenerse a la tradición. Pueden alegar que sólo aceptan aquello que sus ojos pueden ver.

S. -¿Creen ellos que George Washington existió?

J. -Seguro que sí.

S. -¿Y cómo lo saben? ¿Alguno de ellos lo vio?

J. -Es cierto señor que toda persona se apoya en alguna forma de tradición, pues todo conocimiento de la historia es a través de la tradición. Pero George Washington es una tradición aceptada por todos los hombres.

S. -De ninguna manera. El vulgo de África, el Cercano Oriente, India, China y Japón, no supieron nada de él en ninguna generación. Aún hoy, la mayor parte de la humanidad no conoce su nombre.

J. -Pero miles de sus compatriotas lo conocieron.

S. -¿Alguna vez hablaste con alguien que lo conoció?

J. -No, pero un hecho tan conocido debe ser aceptado como verdadero.

S. -¿Cómo sabes que George Washington era muy conocido en su época?

J. -A través de la historia escrita y por la historia oral que pasó de generación en generación.

S. -Entonces nuestra historia escrita, la Biblia, está más difundida en el mundo que la historia escrita norteamericana, al igual que nuestra historia oral tiene más difusión mundial que la historia oral norteamericana. La historia norteamericana admite que sólo miles de personas conocieron a George Washington, mientras que la historia judía insiste en que la entrega de la Torá en el Monte Sinai fue presenciada por millones. Muchos millones de personas de nuestra nación en todas las generaciones testificaron las tradiciones históricas que escucharon de sus propios padres, sin mencionar los millones y millones de musulmanes y cristianos que por siglos han creído y siguen creyendo hoy en día en este hecho histórico. No existe una sola tradición histórica en el mundo incluyendo los últimos acontecimientos de nuestro tiempo, que tengan tanta autenticidad como este hecho tanto en los testimonios escritos, como en la opinión pública basada en la tradición. Los norteamericanos en su mayoría, no recibieron de sus antepasados esta tradición de George Washington, pues ellos eran inmigrantes irlandeses, italianos, alemanes o eslavos que se establecieron en los Estados Unidos mucho tiempo después que Washington murió. Pero los judíos actuales son los descendientes de hombres que vieron las diez plagas que asolaron a Egipto, que fueron liberados de la esclavitud egipcia, que cruzaron en seco el Mar Rojo y vieron la entrega de la Torá en el Monte Sinai; y estos hechos les fueron relatados por sus propios padres, de generación en generación, además de poseerlos por escrito desde el principio, cuyo texto original ha sido transmitido hasta nuestros días sin la más mínima alteración. Más de dos siglos antes que se destruyera el Segundo Templo, nuestras Escrituras se tradujeron al griego. Desde entonces, las naciones del mundo han tenido nuestras Escrituras y atestiguan su texto. Esto sucedió sólo seis siglos después del Rey Salomón. Además los escritos de Josefo han estado en manos no judías durante 2000 años. Pero por encima de todo, está el hecho claro que nuestra nación, por más que se retroceda en los anales de la historia, proclama en forma unánime, la autenticidad y autoridad de las Escrituras.

J. -¿No tienen las otras naciones tradiciones con doctrinas distintas?

S. -Sus propias tradiciones refutan sus religiones y comprueban su falsedad.

J. -¿Cómo?

S. -Las tradiciones de los hindúes, chinos, eslavos, escandinavos, griegos, romanos, fenicios, asirios y egipcios, se muestran a sí mismas como una vaga y confusa mezcla de fantásticas mitologías. Aunque tuvieron filósofos y maestros, ninguna de estas tradiciones trata de hacer remontar una tradición ordenada o verosímil de una Verdad dada por D–os. Por ejemplo, las enseñanzas de Confucio influyeron en cierto grado sobre los chinos y las de Sócrates sobre los griegos, pero estos maestros nunca dijeron haber recibido instrucción Divina. Los antiguos galos, godos, tártaros, árabes (antes de Mahoma) y mongoles, tenían sólo tradiciones confusas y desordenadas. Estas tradiciones son en sí mismas la prueba más fuerte de su frivolidad e incredibilidad. Además de la tradición de la Torá, hay sólo otras dos tradiciones que tienen una apariencia de orden, la de los seguidores de Yeshu y el Islam.

J. -¿Cómo es que sus tradiciones se refutan a sí mismas y comprueban su falsedad?

S. -Los escritos de los seguidores de Yeshu establecen claramente que todos los Sabios de los judíos se oponían a ellos. Ni un solo hombre culto los apoyaba. Los notzrim (cristianos) también mencionan en sus escrituras que sus únicos seguidores eran algunos de los hombres más ignorantes y personas de la clase más baja. Aun entre ellos, la gran mayoría se oponía a los nazarenos. La afirmación de Yeshu de ser profeta, estaba basada en su propia palabra, pero ninguno de los Sabios o sus grandes asambleas que se encontraban en ése entonces muy activas, lo apoyaban. Los escritos de los seguidores de Yeshu coinciden en que los Sabios lo reprendían a él y a sus seguidores por violar las leyes de la Torá. Los escritos lo consideran de la simiente de David, pero al mismo tiempo afirman que no tiene padre. Y bien, aun los más ignorantes de nuestro pueblo saben que sólo el linaje a través del padre, se toma en consideración para la genealogía bíblica. Además dijo que no pretendía cambiar la Ley de Moshé, pero él mismo anuló algunas leyes y sus seguidores anularon todas. También dice ser el Mesías, cuya función según se predice en la Biblia, es redimir a Israel; pero con él vimos lo contrario de redención. Asimismo, su argumento de ser el Mesías quedo refutado por su muerte, pues el Mesías, como está claramente predicho por los profetas, aparecerá y gobernará en Israel en persona. Además las Escrituras predicen (Yishayá [Isaías] 45; Tzefaniá [Sofonías] 3) que todas las naciones se unirán bajo la fe verdadera con el advenimiento del Mesías; pero después de Yeshu, nada parecido aconteció. Por el contrario, surgió el Islam y se expandió en muchas naciones, mientras que el Cristianismo mismo se dividió en muchas sectas beligerantes que se mataban entre sí.

J. -Estos son argumentos incontrovertibles.

S. -He aquí algunos ejemplos de los errores extremos de los escritores del Testamento de Yeshu. Mateo escribe (23): "Zacarías, hijo de Berequías, al cual matasteis". ¡Éste es un grave error! Pues al que asesinaron fue Zacarías el hijo de Yehoyadá (II Crónicas 24), 254 años antes de la destrucción del Primer Templo; mientras que Zacarías, el hijo de Berequías a quien no mataron, profetizó en el segundo año de Darío, 70 años después de la destrucción del Primer Templo. Un error de 324 años. También: (Marco 2) David entró a la casa de D–os siendo Abiatar el sumo sacerdote. ¡Error! Vino a Ajimélej, padre de Abiatar. Era Ajimélej y no Abiatar el sumo sacerdote en esos tiempos; y Abiatar no se menciona en la visita de David (I Shemuel 21). Una vez más: (Hechos 7) Y enviando Yosef, hizo venir a su padre Yaakob y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. ¡Otro error! Sólo eran setenta. Otro ejemplo (ibid.) Así descendieron Yaakob y nuestros padres (sus hijos) a Egipto, donde murieron y fueron trasladados a Shejem para ser sepultados ahí. ¡Error! Yaakob no fue enterrado en Shejem. Otra vez (ibid.) …trasladados a Shejem para ser sepultados en la tumba que compró Abraham de los hijos de Jamor en Shejem. ¡Varios errores! No fue Abraham sino Yaakob quien compró tierra en Shejem (Bereshit 33); Abraham no compró tierra en Shejem de los hijos de Jamor, sino en Jebrón a Efrón, como lo dice textualmente en Bereshit 23 y en otras partes. Otra versión aún peor dice que Abraham compró de Jamor el hijo de Shejem. ¡Error! Shejem era el hijo de Jamor.

J. -Éstos son errores que cualquiera puede ver. ¿No los explican de alguna manera?

S. -A sus eruditos actuales no les faltan explicaciones, incluyendo la afirmación que nuestras Escrituras son incorrectas. Pero aun dando las explicaciones que quieran, los seguidores originales de Yeshu dieron un testimonio para todos los tiempos de su clara ignorancia en asuntos sencillos. Pero recuerda que estos primeros escritores, estaban también interesados en comprobar su causa con las Escrituras, por lo tanto además de errores, hay numerosos ejemplos de párrafos en las Escrituras que distorsionaron intencionalmente. Por ejemplo, Pablo (a quien Tomás Jefferson llamó "el gran corruptor") trata de probar que el verdadero pueblo de D-os no es Israel, sino aquellos seguidores de Yeshu, aun gentiles, y dice (Romanos 9): como está dicho en Hoshea (2) "¡Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío!" ¡Una distorsión evidente! Lee al final del primer capítulo de Hoshea. "Y D–os dijo, ponle por nombre LO-AMMÍ, porque no sois Mi pueblo". Luego al principio del segundo capítulo: "El número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no puede ser medida ni contada y sucederá, que en vez de lo que se les dijo "Vosotros no sois Mi pueblo", se les dirá "Vosotros sois los hijos del D–os viviente". Ésta es la misma idea que se repite al final del capítulo "Y les diré a los que no habían sido Mi pueblo, eres Mi pueblo". Pablo distorsiona la misma promesa que D-os hizo a Israel como Su pueblo, para demostrar lo contrario de lo que significa el versículo, y probar que los gentiles serán llamados el pueblo de D-os. Otro caso: el párrafo (Debarim 30) "Pues este mandamiento que Yo te ordeno hoy, no es incomprensible para ti y no está lejos. No está en los Cielos para decir: ¿Quién subirá por nosotros a los Cielos, lo tomará para nosotros y nos lo hará escuchar para que lo cumplamos? Y no está más allá del mar para decir: ¿Quién pasará por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá y nos lo hará escuchar para que lo cumplamos? Sino que la palabra está muy próxima a ti en tu boca y en tu corazón, para cumplirla". Éste es un claro y evidente pasaje acerca de "Los Mandamientos" y la "palabra" de D–os que debemos "cumplir".   Pero ellos (Romanos 10) lo citan para comprobar su propio punto de vista: "No digas en tu corazón quién subirá al Cielo, esto es, para traer abajo al Mesías, o quién descenderá al abismo, esto es para traer al Mesías de los muertos". Otro caso: el pasaje (Salmos 40) "Sacrificios y ofrendas no quisiste, (me hiciste entender) al abrir mis oídos". Un pasaje claro y manifiesto que el escuchar y obedecer a D–os es más importante que el donar ofrendas. Pero ellos (hebreos 10) lo citan para probar que el cuerpo de su guía se escogió como expiación en lugar de las ofrendas y lo explican así: "Sacrificios y ofrendas no quisiste, mas te apropiaste un cuerpo". Otro ejemplo: el pasaje de Hoshea (11) "Cuando Israel era joven Yo le amaba, y al sacarle de Egipto le llamaba hijo Mío". ¿Qué puede ser más obvio que eso? Pero ellos alegan que este pasaje es prueba de que D–os mandó llamar a su guía de Egipto, lugar al que dicen fue llevado de niño. Hasta un ignorante sabría que este versículo es una repetición del pasaje (Shemot 4): "Y dirás al Faraón, así dijo el Eterno: mi hijo, mi primogénito es Israel. Y dije a ti envía a mi hijo y me servirá". La lista de tales ejemplos es muy larga.

J. -¿Y el Islam?

S. -Las propias palabras de Mahoma en el Corán refutan cualquier pretensión de veracidad. Sitúan a Hamán en los tiempos del Faraón que esclavizó a los israelitas en Egipto. Comete dos veces este craso error en dos distintas ocasiones. Él dice que fue el rey Shaúl y no Guidón quien probó a sus hombres bajándolos al agua a beber (Jueces 7). Acusa a los judíos de considerar a Ezrá como hijo de D–os, tal como lo fue Yeshu para sus seguidores, aun siendo que nadie de nuestro pueblo oyó alguna vez tal actitud para con Ezrá o cualquier otro de nuestros Profetas o Sabios. Sus narraciones de la Biblia son una miscelánea de errores. Alega que los judíos falsifican las Escrituras para contradecir al Islam; sin embargo, el hecho que las Escrituras ya estaban traducidas y en posesión de otras naciones 800 años antes de Mahoma, contradice esta declaración. Errores obvios como estos, refutan cualquier pretensión de profecía.

J. -Siempre tuve la convicción de que éramos capaces de refutar sus declaraciones, pero no me había dado cuenta, hasta ahora, de qué tan claramente las refutaban sus propios escritos.

S. -Además, Mahoma declara en numerosos pasajes que sus contemporáneos se mofaban de él como un impostor y le exigían milagros y señales convincentes. El tema más frecuentemente mencionado en el Corán, es la oposición y el escepticismo de su generación. Para impugnar a sus opositores que lo ridiculizaban, su única arma era la amenaza de castigo en el mundo por venir y la amenaza de destrucción en esta vida, de la que frecuentemente se encargaba con su propia espada. Tanto Mahoma, como los seguidores de Yeshu admiten que los judíos los rechazaban y que sólo los idólatras se adherían a su causa. Los mahometanos han mantenido en alto la verdad de nuestros libros proféticos por 1300 años, y los seguidores de Yeshu lo han hecho por 2000 años. Y aun así, ambos admiten que nuestros Sabios se oponían a ellos. Al admitir esto, comprueban su error.

J. -¿Cómo es eso?

S. -Porque la ley, que como ellos admiten proviene de D-os, establece (Debarim 17) "Cuando fuere dificultoso para ti un asunto de juicio, subirás al lugar que eligiere el Eterno, tu D-os e irás a los sacerdotes, los levitas y al juez que esté en esos días e inquirirás, y te dirán la palabra del juicio. De acuerdo a la ley que te enseñaren, y según la ordenanza que te dijeren harás; no te desvíes de lo que te dijeren, ni a la derecha, ni a la izquierda". Si todos los seguidores tanto de Mahoma como del Nazareno admiten que todos los Sabios se oponían a ellos entonces, admiten también que los judíos hacen bien al obedecer a sus Sabios.

J. -Pero tal vez el mandato se refiere sólo a los jueces de Jerusalem, que posiblemente no estaban ya en los tiempo de Mahoma.

S. -Estuvieron ahí en los tiempos de Yeshu y lo rechazaron, como lo admiten las propias Escrituras de sus seguidores. Por eso, los seguidores de Yeshu refutaron la ley que exige obedecer a los Sabios de Jerusalem, "No te desvíes de lo que te dijeren, ni a la derecha ni a la izquierda". Y ya que Mahoma declara en el Corán, que Yeshu fue un profeta, se opone igualmente a los Sabios de Jerusalem que lo rechazaron y por lo tanto él también está equivocado.

J. -Así es que su propia tradición demuestra sus falacias y su falta de conocimiento de las Sagradas Escrituras, así como el hecho que los judíos conocedores de la Ley se oponían a ellos y que sus únicos seguidores eran los hombres más ignorantes y los idólatras.

S. -Y que no se realizaron a través de ellos ninguno de los milagros evidentes, perennes, públicos e irrefutables. Pero nuestra tradición se mantiene entre las de las demás naciones como un ser viviente entre las estatuas de cera. Nuestros documentos afirman que toda nuestra nación, (siendo de varios millones), atestiguó con sus propios ojos y oídos la presencia de D–-os cuando Él les dio Su Ley en el Monte Sinai, y nuestros escritos no registraron un solo caso en que alguien desafiara este hecho. Nuestros documentos establecen que las plagas se infligieron sobre Egipto a los ojos de todos, tras haberse predicho que vendrían en la forma designada y en tiempo establecido, toda la nación egipcia las experimentó y todo nuestro pueblo fue testigo. Nuestros documentos establecen que toda nuestra nación presenció la partición del Mar Rojo, a través del cual pasamos y en el que los egipcios se ahogaron. Después de eso, durante 40 años, toda nuestra nación fue testigo constante de la nube de gloria Divina y la columna de fuego nocturna, y por cuarenta años cada persona comió lo que descendía del Cielo. Estos hechos no les fueron contados por individuos, sino que fueron presenciados por millones. La gente no era dócil, sino obstinada, pues se opusieron a sus guías en numerosas ocasiones y aceptaban sólo lo que podían ver. Aceptaron la Torá, no porque Moshé (Moisés) les mostró milagros, sino porque oyeron la voz de D-os que les hablaba desde el Monte Sinai. Tras recibir la Torá, pasaron cuarenta años en estrecha unión y escaso contacto con otras naciones, para que pudiesen consolidar su conocimiento de Torá sin infiltración de influencias extranjeras. Ya que no poseían tierras para labrar ni comercios, tenían el suficiente tiempo libre para dedicarse al estudio de la Torá con la máxima diligencia. La Torá no fue predicada por individuos que posteriormente lograban persuadir o coercer multitudes, como las religiones creadas por el hombre. Desde el primer día, la Torá fue aceptada por toda la nación sin excepción. Nuestras crónicas sagradas son escrupulosamente honestas en revelar las faltas de hasta los hombres más grandes; y aunque se registran casos de desobediencia, nunca hubo un solo caso en que se desafiara la verdad de la Torá o de los eventos del éxodo en el desierto, en los 1380 años desde que fue recibida la Torá en el Monte Sinai hasta la era del Segundo Templo y aún después.

J. -Ahora entiendo por qué las últimas palabras de la Torá son: a los ojos de todo Israel". "Y no surgió otro profeta en Israel, como Moshé… y a quien el Eterno enviare a hacer todas las señales y los prodigios en la tierra de Egipto, al Faraón, y a todos sus siervos, y a todo su país; y por toda la mano poderosa y por todo el temor grande que causó Moshé a los ojos de todo Israel". El hecho que tal expresión esté colocada en el mismísimo fin de la Torá, es evidencia de su extrema importancia.

S. -Bien dicho. Y se enfatiza esta máxima una y otra vez. Estos no fueron asuntos realizados en forma privada, presenciados por algunos individuos que luego persuadieron multitudes a creer. La multitud fue testigo ocular. "Y habló Aharón todas las palabras que dijo el Eterno a Moshé e hizo las señales a los ojos del pueblo" (Shemot 4:30). "Y alzó la vara y golpeó las aguas que había en el río, ante los ojos del Faraón y ante los ojos de sus siervos, y se convirtieron las aguas que había en el río, en sangre" (ibid. 7:20). "E Israel vio a los egipcios muertos sobre la orilla del mar" (ibid.14:30). "Y vio Israel el poder grande que usó el Eterno contra los egipcios" (ibid. 14:31). "Y que estén preparados para el tercer día, porque en el tercer día descenderá el Eterno a la vista de todo el pueblo sobre el Monte Sinai" (ibid. 19:11). "Y todo el pueblo percibía los truenos y las llamas y la voz del cuerno y el monte estaba humeando" (ibid. 20:18). "Y el aspecto de la gloria del Eterno, como fuego devorador en la cima del monte, a los ojos de los hijos de Israel" (ibid. 24:17). "Y vieron Aharón y todos los hijos de Israel a Moshé, y he aquí que brillaba la piel de su rostro y temieron acercarse a él" (ibid. 34:30). "Porque la nube del Eterno estaba sobre el tabernáculo de día y fuego había de noche en él a los ojos de toda la casa de Israel, durante todos sus viajes" (ibid. 40:38). "Que Tú, el Eterno, estás entre este pueblo, que a la vista Te apareciste Tú, el Eterno, y Tu nube está sobre ellos, y en columna de nube, Tú andas delante de ella de día, y en columna de fuego de noche" (Bamidbar 14:14). "Al día siguiente de Pesaj salieron los hijos de Israel con las manos en alto, a los ojos de todo Egipto" (ibid. 33:3). "Y dio el Eterno señales y prodigios grandes y funestos en Egipto, contra el Faraón y contra toda su casa, ante nuestros ojos" (Debarim 6:22).


jueves, 13 de mayo de 2010

Shavuot: El secreto de la Unión

Shavuot: El Secreto de la Unión


Estamos a pocas horas de Shavuot, una de las tres festividades en que la Torá nos ordena subir a Ierushalaim, para llevar las ofrendas de la cosecha al Templo sagrado. En Pesaj, el principio de la temporada de la cosecha en Israel, se lleva la ofrenda del trigo, en Shavuot llevamos las primicias de la cosecha de cebada, que conocemos como el Omer. Esta ofrenda es diferente de otras porque es colectiva. Se va acopiando todos los aportes de los agricultores y se toma una pequeña cantidad que se mezcla con aceite para hacer una masa. Esta ofrenda es llevada al Altar, y allí el Sumo Sacerdote realiza la ofrenda de Minjá, que consiste en tomar una pequeña cantidad de esa mezcla entre en sus dedos medio y anular, y arrojarla al fuego. En esa pequeña ofrenda se unen todas las intenciones y almas de todo el Pueblo de Israel.
Esta unión, aparentemente simbólica e indirecta, es justamente la condición para poder recibir la Torá, la sabiduría de Hashem que expresa Su Voluntad para cada pueblo, cada persona y para cada uno y una de los infinitos componentes que creó y crea continuamente. Para llegar a esta unión hace falta un proceso colectivo e individual que lleve a que sea verdadera y profunda, eterna y fuerte que no se desintegre ante las pruebas de la vida. Como en la generación de la Torre de Babel, que estaban unidos en aras de un objetivo en común, construir un edificio que llegue hasta el Cielo y allí luchar contra Hashem.
En otras palabras, creían en que existía Dios, pero pensaban que era un ente que podía ser sometido y utilizado para sus propios fines. Esta era una unión era tan fuerte que Hashem tuvo que confundir sus lenguas para destruirla, estaba destinada al fracaso, porque estaba impulsada por el egoísmo del corazón del hombre que ve a la Creación como algo que fue creado para él, para satisfacer sus deseos y necesidades a expensas de los demás.
Pero la unión para recibir la Torá tiene que ser algo verdadero y eterno. Para llegar a ella el Baal Shem Tov nos enseñó un proceso de refinamiento y superación de tres etapas: sumisión, separación y dulcificación. ¿Cómo sabemos que esto es así? Porque como todas las cosas verdaderas tiene su base en la Torá. Justamente lo aprendemos de los versos anteriores a la llegada del pueblo de Israel al Monte Sinaí, el 1 del mes de Siván, para prepararse a recibir la Torá (Éxodo 19:2-4:):
“A principios del tercer mes, después de haber salido los Hijos de Israel de la Tierra de Egipto, en este día llegaron al desierto del Sinaí”
“Y salieron de Refidim y vinieron al desierto del Sinaí, y acamparon en el desierto, y acampó allí Israel frente al Monte”
“Y Moshé subió hacia Dios y lo llamó Havaiá desde el Monte diciéndole: ‘Así hablarás a la Casa de Iaakov y le dirás a los Hijos Israel” 
Explica Rashi “ya había dicho la Torá que estaban en Refidim y fueron al desierto ¿para qué había que repetir que salieron de Refidim? Porque así como llegaron al desierto en teshuvá, (retorno a Dios) también salieron de Refidim en teshuvá”. Para entender este primer paso como la sumisión necesaria para la preparación de la recepción de la Torá, debemos recordar que allí se asentaba el pueblo de Amalek. Amalek, de guematria safek, “duda”. Es ese sentimiento que nos enfría y nos hace preguntarnos ¿Acaso está Hashem en nosotros? En lo que estamos haciendo, en lo que es y significa la Torá.
Explican los sabios Refidim como rifióniadaim, “bajar los brazos”, desalentarse y darse por vencido frente a la tarea del estudio de la Torá, que necesita fuerza de voluntad y decisión de querer retornar a Hashem y conectarse con Él. Entonces “y salieron” es alejarse del pecado, someterse a Dios. Es la teshuvátataá, el retorno o arrepentimiento inferior de alejarse del pecado proveniente de la duda. Primer paso. Pero un talmidjajam, una persona que se dedica al estudio de la Torá y se aleja del pecado, puede estar haciéndolo por interés propio, o por miedo al castigo, por su ego, por eso debemos seguir adelante.
El segundo paso de “acamparon” en el desierto es la separación o havdalá necesaria para meditar y conocerse a sí mismo y ver las cosas objetivamente. Pensar por qué las hacemos, si es porque nosotros decidimos que eso está bien o es de nuestro interés particular o porque nuestro objetivo es en aras de algo superior en armonía con la Voluntad del Creador. Y no hay mejor lugar para enfrentarnos a nosotros mismos que la soledad del desierto, que en nuestra generación puede ser perfectamente también en medio del bullicio del centro de la ciudad. Solos con Dios, liberados de la influencia de los deseos materiales, nos anulamos frente al infinito. Esta autoanulación nos lleva a retornar a Dios con humildad, de una manera más elevada llamada teshuvá Ilaá, “retorno superior”, de querer cumplir la voluntad de Dios pero sólo porque así Él lo quiere, porque sabemos que Su saber es el correcto y al anularnos nos hacemos uno con Él. Una sola voluntad.
Y salieron… y vinieron… y acamparon… nos está indicando que aún estaban separados entre ellos. Había una pluralidad que habla de la desconexión entre la mente y los sentimientos, que produce a su vez sentimientos enfrentados y disgregados. Pero justamente allí se estaba gestando la tercera etapa de dulcificación, que en nuestro caso es la unidad que nos capacita para ser un recipiente adecuado para la recepción de la Torá. Refinar la mente y los sentimientos es aprender a que trabajen en conjunto, se inter incluyan en estructuras o partzufim.
En el desierto miramos a nuestro alrededor, con la vista baja para que el sol no nos lastime los ojos, pero cuando “y acampó allí Israel frente al Monte” los ojos se dirigieron a lo alto, hacia ese lugar en que Dios se iba a posar para dar por anulado el decreto de que “Las alturas no bajarán a los mundos inferiores y los inferiores no subirán a las alturas”. Esa elevación cósmica produjo en el Pueblo de Israel que “y acampó”, en singular. Como dice Rashi “como un solo hombre y un solo corazón”. La dulcificación final del Baal Shem Tov, que si meditamos en ella podemos referirla y utilizarla para todos los procesos de nuestra vida. En Cabalá esto se denomina la elevación del reinado hacia la corona. El Maljut refinado producto de recibir la interacción armónica de todas las sefirot intelectuales y emocionales, puede elevarse por sobre ellas transformándose en su Corona. El secreto de “la mujer (maljut) de valor es la corona (keter) de su marido (jojmá).
Explica la Cabalá y el Jasidut que la sefirá que justamente tiene la capacidad de producir la unión es Daat, “conocimiento”: “Y Adam conoció (daá) a Javá”. El Sefer Ietzirá dice que las sefirot son 10 y no 11, 10 y no 9. Siempre son diez porque cuando figura Keter no está Daat y viceversa. Daat se ocupa de unir las sefirot intelectuales con las emocionales, por el poder del conocimiento que proviene directamente de la Conciencia Suprema llamada Corona o Keter. Entonces, cuando el Conocimiento Supremo está revelado, todas las sefirot se unen automáticamente. En realidad Daat no se considera una sefirá, sino más bien ese poder de unión. En nuestro mundo material, en que Dios, lo espiritual, lo inconsciente no está revelado, se reconoce a Daat como la sefirá intermediaria de esa unión.
Este es también el secreto de la parashá de semana, Nasó. Esta palabra se traduce comúnmente como “censo”, contar personas o cosas. Pero la traducción del hebreo es “elevar”, como dice “eleva la cabeza de los hijos de Merarí, de la tribu de Leví…”. Siempre que el pueblo de Israel se enfrenta a una prueba o una tarea especial, Hashem los cuenta, como el dueño de un tesoro que no se cansa de volver a repasar y pulir sus joyas. Si falta alguna piedra preciosa la va a buscar por todos lados, aunque tenga miles de ellas. De esta manera Hashem eleva a cada uno y uno de nosotros para saber que tenemos una tarea especial que hacer, que nadie puede faltar, que juntos formamos una unidad estructural.
Este es también el secreto del Jasidut, que nos reúne a todos a través de unir la Torá escrita y la oral, la revelada y la oculta, el Musar y la Cabalá, lo espiritual y la naturaleza (ciencia), la mente y los sentimientos, el Pueblo de Israel y los Justos de las Naciones.
Entonces, cuando estamos unidos, cada uno con la tarea que Dios le ordenó, con la mente y sentimientos en armonía, podemos estar “frente al Monte”, mirar hacia arriba y ver cómo el Moshé Rabeinu de nuestra generación, el Mashíaj Verdadero, sube al monte para descender con la Voluntad Revelada de Hashem, la noticia de la Nueva Torá, esa misma Torá que recibió aquella vez, pero nueva frente a nuestros ojos sin mantos que los nublen.
Porque en ese día, de la Redención verdadera y definitiva, veremos con nuestra carne que “la tierra se llenará del conocimiento de Dios, como la aguas cubren el mar”.
(basado en las enseñanzas del rabino Itzjak Ginsburgh shlita, especialmente de la clase de Rosh Jodesh Siván 5769)
Jag Shavuot Sameaj, recibamos la Torá con Alegría y Profundidad
Con Bendiciones desde la Tierra de Israel
La Dimensión Interior
Tomado de: http://dimensiones.org/canales/vidmodrn/viviendo%20con%20el%20tiempo/SIVAN/sivan69.htm

domingo, 9 de mayo de 2010

Los Natzratim


NATZRATIM: CUANDO LOS EVANGÉLICOS YA NO SABEN QUÉ HACER PARA SENTIRSE JUDÍOS.

Autor: Irving Gatell.




Tenía que pasar: el cristianismo es cismático por naturaleza, y la tendencia ha alcanzado a los llamados Judíos Mesiánicos.
¿De dónde viene la naturaleza cismática del cristianismo? De la obsesión por definir el “correcto modo de creer” (ortodoxia, en su sentido más estricto), objetivo incompatible con la naturaleza humana: inevitablemente, cada quien termina por desarrollar sus propios modos de apreciación de las cosas. Al final de cuentas, por mucha afinidad que se pueda tener en aspectos generales —sobre el tema que sea—, siempre va a haber diferencias en las opiniones particulares.
Esto es algo que la pretendida ortodoxia cristiana no tolera, y la historia de esta cultura y religión ha sido una feroz batalla por lograr establecer —generalmente, imponer por la fuerza— el correcto modo de entender las cosas.
Por ello, para que el catolicismo romano se consolidase como cristianismo oficial, primero tuvo que imponerse —de modo bastante violento en algunas ocasiones— a otros modos de entender al Cristo (gnósticos, montanistas, marcionistas, monofisistas, docetistas, ebionitas y demás; la lista de “herejes” ofrecida por Ireneo de Lyon a finales del siglo II es larguísima).

El peor enemigo del catolicismo fue, en su momento de apoderarse del control, el arrianismo, con el cual tuvo que coexistir varios siglos antes de derrotarlo de modo definitivo. Pero no fue suficiente: para ese momento, las diferencias con las Iglesias de Oriente ya estaban bien definidas, y el cisma se volvió inevitable, y además oficial a partir del siglo XI. Luego, los cátaros, los hussitas, los wycliffianos y Jerónimo Savonarola, todos ellos antecedentes del peor cisma en occidente: el protestantismo.
Y, desde entonces, la invención de tantos cristianismo como se pueda: luteranos, calvinistas, anglicanos, metodistas, presbiterianos, mormones, la Luz del Mundo… Imposible sugerirlos siquiera.       Hoy en día, son miles y miles.
Tarde o temprano, el fenómeno tenía que darse dentro de una de las últimas modas del cristianismo evangélico: los llamados Judíos Mesiánicos.
¿Cuál es la lógica por la que se presentan estos cismas?
En realidad, es bastante simple: no se ha entendido a Jesús de Nazaret de modo correcto, o no se han aplicado sus enseñanzas de modo correcto.
El primer punto ha sido de vital importancia para el cristianismo en relación al judaísmo. Al final de cuentas, para cualquier cristiano comprometido con lograr que todos crean en Jesús, es un punto muy difícil de asimilar el por qué los judíos —el propio pueblo de Jesús— no creyeron en él.    Por ello, muchos de sus razonamientos siempre han tenido un enfoque concreto: ¿de qué modo se les puede presentar a los judíos la correcta visión de Jesús, para que puedan entender que es el Mesías? (Curiosamente, nunca se les ha ocurrido la posibilidad de cuál será el modo en que ellos puedan lograr la correcta visión de Jesús, para que entiendan que no es el Mesías).
No se dan cuenta, pero es una postura ridícula. Generalmente, apelan a que el gran problema es el pésimo testimonio que ha dado la Iglesia Católica con sus violentos modos de intentar convencer. O incluso, el error estratégico del protestantismo durante mucho tiempo y en muchos lugares, al pretender lograr conversiones de judíos que impliquen un completo abandono de sus raíces espirituales y culturales. Lo sorprendente es que no aceptan, bajo ningún ángulo, que el asunto es más simple: los judíos no pueden creer en Jesús y ya. Jesús no satisface nada de lo enseñado por el judaísmo desde hace 35 siglos. Por eso no creemos, no porque los católicos sean malvados y ciertos protestantes sean torpes e imprudentes. Eso, en realidad, es insultante: nos reduce a una bola de tontos sin criterios que siempre han tomado decisiones basadas en lo visceral.
Así surgió el llamado Judaísmo Mesiánico: un grupo de protestantes ingleses de origen hebreo —en mayor o menor medida—, que se propusieron recuperar parte de su identidad cultural, sin dejar de ser cristianos. Eso, a mediados del siglo XIX. Durante más de un siglo pasaron desapercibidos, pero hacia la segunda mitad del siglo XX empezaron a ponerse de moda, toda vez que con la consolidación del Estado de Israel, el judaísmo volvió a manifestarse ante el mundo como algo sólido y capaz de sobrevivir por sí mismo. Y eso, inevitablemente, hizo que los cristianos más devotos se volviesen a plantear la pregunta: ¿por qué no hemos logrado mostrarle a los judíos que Jesús es el Mesías? Y allí apareció la opción: un tipo de cristianismo que incorpora los elementos externos del judaísmo (como si sólo eso fuera lo importante), perfecto para que los judíos puedan creer, pero sin distanciarse de su identidad.
Sorpresa: no creímos. Así que, tarde o temprano, el fracaso del llamado Judaísmo Mesiánico, además de la tendencia cismática del cristianismo, tenían que producir el siguiente eslabón en la cadena involutiva: el Judaísmo Nazareno. O Natzratim, como prefieren llamarse a sí mismos, para sentirse más judíos.

Los Natzratim han llegado a los extremos que muchos judíos mesiánicos no hubiesen querido llegar. Incluso, suelen mantener opiniones críticas —a veces, incluso, abiertamente malas— de los mesiánicos.
Rechazan la deidad de Jesús, rechazan los dogmas de la Iglesia —Católica o no—, y cada que pueden enfatizan el perfil judío de Jesús, y apelan al “correcto” modo de interpretar el Nuevo Testamento: desde su contexto judío original.

En ese aspecto, debo reconocerles que han diseñado al Jesús más judío que se ha logrado hasta la fecha. Pero tienen un problema bastante serio: no tienen ningún texto en el cual basarse.
¿Apelar a la tradición judía? Imposible. Jesús de Nazaret es irrelevante para el judaísmo rabínico, y por ello no existen ningún tipo de tendencia en el judaísmo durante los últimos dos mil años que les sirva para fundamentar sus creencias. En el mejor de los casos, apelan a autoridades rabínicas que han creído en un Mesías Sufriente, pero sin entrar en demasiados detalles, porque es obvio que —de hacerlo— tendrían que enfrentarse con el hecho de que su idea de “Mesías Sufriente” es radicalmente diferente a la que han sostenido algunas autoridades rabínicas (el punto más simple de visualizar es este: por mucho que algunos autores judíos hayan hablado de un Mesías Sufriente, el hecho es que ninguno creyó que fuera Jesús).
Entonces, no les queda más remedio que apelar al Nuevo Testamento, y allí es donde zozobran todos sus argumentos.
Para justificar su redefinición judaica de Jesús, intentan acercarse al Nuevo Testamento como si fuera un producto judío. Y, al no serlo, tienen que empezar a inventarse presupuestos tan falsos como una moneda de tres dólares con ocho centavos (en la misma moneda, claro).

He aquí los más chistosos (perdón, no tengo otra forma de definirlos):

1. El Nuevo Testamento es un producto judío

Podemos hablar de que el Nuevo Testamento tiene un origen judío, en tanto Jesús de Nazaret fue judío. Pero no es lo mismo hablar del Nuevo Testamento como producto terminado. Es simple: comparémoslo con el Talmud o con los Rollos del Mar Muerto, que son verdaderos productos judíos, tanto en su origen como en su fase de producto terminado.


Como son productos judíos, podemos identificarlos geográficamente de modo concreto: el Talmud se compiló en dos versiones diferentes, la Babilónica y la de Jerusalén, pero siempre en un vínculo indiscutible con las comunidades judíos de esas ciudades. Por su parte, los Rollos del Mar Muerto están vinculados de modo indisoluble con la comunidad Esenia de Qumrán, por lo que tampoco hay posibilidades geográficas para dudar de su identidad judía. Finalmente, los idiomas en los que están escritos son los idiomas característicos de la literatura judía de esas épocas: hebreo y arameo. Sólo un reducidísimo porcentaje de textos del Mar Muerto está en griego.


En cambio, el Nuevo Testamento se empezó a integrar fuera del contexto judío. El primero en integrar una colección de “textos sagrados” fue Marción, posteriormente condenado como hereje por la Iglesia en occidente. No era judío. Después de él, varios líderes cristianos empezaron a definir una posible lista de textos sagrados. Ninguno de ellos fue judío. De ese modo, hacia finales del siglo II empezamos a identificar algunas versiones preliminares del canon del Nuevo Testamento, pero todas ellas fuera del ambiente judío. En cambio, entre los seguidores judíos de Jesús —los Ebionitas—, el único libro que se conservaba era Mateo, según refieren San Jerónimo y Epifanio de Salamis. Jamás mencionan nada semejante a un canon sagrado en estas comunidades.
La urgencia de dejar definido un canon sagrado cristiano se confirmó hasta el Concilio de Nicea (325), pero ni siquiera allí se logró. La lista de los 27 libros oficiales del Nuevo Testamento, así como su redacción oficial, sólo quedó completa hasta los años 393 y 397 en los Concilios de Cartago e Hipona. Este es un dato que puede ser corroborado por cualquiera que guste, en cualquier enciclopedia o artículo sobre el proceso de conformación del Nuevo Testamento.
Pero los Natzratim no lo aceptan. Prefieren insistir en que el Nuevo Testamento es un producto genuinamente judío, pese a que no existe ninguna evidencia de que un judío, o un grupo de judíos, se tomaran la molestia de escoger “textos sagrados” escritos después de Jesús.
Menos aún, textos en griego.

2. El Nuevo Testamento se escribió originalmente en hebreo


Se supone —varios autores de la época patrística lo dicen— que los evangelios fueron escritos originalmente en hebreo.
Esta suposición es válida, según la crítica especializada, para Mateo, Marcos y Lucas, aunque no porque los originales estuviesen en hebreo, sino porque son tres diferentes variantes de un mismo original, que pudo haber estado en hebreo. En su defecto, en arameo.
Pero también es un hecho bien definido que ese original hebreo no abarcaba más de una tercera parte del actual texto de Marcos (porcentaje mucho menor en Mateo y Lucas), y que el texto definitivo, tal y como lo conocemos, sólo existe en griego en los manuscritos antiguos.
Las versiones completas más antiguas son los Códices Sinaítico y Vaticano, ambos del siglo V.
Con las epístolas de Pablo hay menos que discutir: fueron escritas para públicos grecoparlantes, por lo que no tiene ningún caso suponer que se escribieron originalmente en hebreo. Es más: fueron escritas para no judíos, por lo que resulta —valga la expresión— estúpido suponer que se escribieron originalmente en hebreo.


¿A qué apelan los Natzratim para insistir en algo que carece de cualquier tipo de evidencia arqueológica o filológica? A que los destinatarios no eran gentiles (“etne” en griego o “goyim” en hebreo), sino las tribus perdidas de Israel (también llamadas Efraim).


Pésimo argumento. Aun considerando la posibilidad de que eso fuese cierto, es un hecho que los judíos de la diáspora (y me refiero a los de la tribu de Yehudah; con mayor razón, a los de las diez tribus perdidas) no hablaban hebreo. El idioma en el que se desenvolvían era el griego, incluso en comunidades de un elevado nivel cultural como la de Alejandría (por eso, Filón escribió en griego).
Pero más aún: justamente, una de las premisas fundamentales del Nuevo Testamento es que los pactos hechos por D-os con el pueblo judío no son exclusivos para el pueblo judío, sino que tienen un alcance universal. Es la esencia del cristianismo: la posibilidad de darle una dimensión universal a la Biblia, porque de lo contrario, se tiene que asumir que sólo es patrimonio exclusivo del pueblo judío (lo que, por cierto, insiste el judaísmo).


Proponer que ese “universalismo” es para incluir en las promesas a las diez tribus perdidas o a “Efraim” es una tontería, porque —en tanto dichas tribus son parte de Am Israel—, son parte de las promesas hechas a Abraham y su descendencia. No hay nada que negociar: tienen tanto derecho como los de la tribu de Yehudah.


Entonces, todos los pleitos registrados en Hechos de los Apóstoles, entre los que querían predicarles a gentiles y los que no, o entre los que proponían un cristianismo no judaizado para los gentiles y los que querían judaizarlos, pierden sentido. Si no se está hablando de gentiles, sino de israelitas, todas las controversias neotestamentarias por el asunto son una estupidez, porque no tiene que discutirse si se deben someter a la Torá o no: si son israelitas, deben circuncidarse, observar el kashrut y todo lo demás. Sin embargo, Pablo siempre propugna porque no se les impongan estas cosas.
¿Por qué? Es obvio: porque no son judíos. Ni israelitas. Ni hablan hebreo.
El idioma del Nuevo Testamento, el proceso de conformación y los espacios geográficos en los que se dio el mismo, sólo apoyan la idea que desde hace 16 siglos está sobradamente clara: se trata de un texto gentil.




Por ello, no existe ningún correlato literario similar al Nuevo Testamento en la literatura judía de la época. Incluso, los estilos literarios son más afines a la literatura helénica (empezando por el concepto de Evangelio), que a la literatura judía.




Para concluir este punto, me limito a citar lo que viene a ser el colmo del tema: el jesuita especializado en papiros antiguos Jose O’Callaghan (español de padre irlandés) provocó una controversia en el mundo académico cuando publicó el resultado de una investigación, según la cual se habría recuperado un fragmento del Evangelio de Marcos entre los Rollos del Mar Muerto. El fragmento en cuestión es el famoso 7Q5, y O’Callghan inmediatamente tuvo que enfrentarse al descredito de los biblistas, que rechazaron tajantemente su teoría. Sin embargo, con el paso de los años ha quedado claro que O’Callaghan tenía razón, y hoy en día no existe ningún filólogo que cuestione el trabajo de este erudito español. Naturalmente, los biblistas siguen empecinados en negar algo que, por cierto, no corresponde a su área de trabajo.
Entonces, tenemos el hecho de que un fragmento del evangelio de Marcos se recuperó en una colección de textos judíos cuya fecha más tardía es el año 68. Se trata, por lo tanto, del fragmento más antiguo del Nuevo Testamento.
Curiosamente, es uno de los pocos papiros recuperados en el Mar Muerto (la abrumadora mayoría de los documentos son pergaminos). Y, para colmo, ¡está en griego!

3. El Nuevo Testamento debe citarse en hebreo

Un recurso muy frecuente de los Natzratim para exponer sus ideas es citar el Nuevo Testamento en hebreo, pese a que no existe una sola copia antigua del Nuevo Testamento en hebreo. Lo más antiguo que se tiene es la versión del evangelio de Mateo —apenas uno de 27 libros— conocido como Shem Tov, y que —en realidad— es una traducción medieval. Ningún especialista se tomaría en serio la posibilidad de que el manuscrito Shem Tov sea la versión original de Mateo.
¿Cómo intentan salir del brete los Natzratim? Apelando a que sí existe una versión en arameo —por lo menos— del Nuevo Testamento, previa a los Códices Sinaítico y Vaticano: la Peshitta, que —según insisten— data del siglo I, o a lo más del II.


No sé si concederles el beneficio de la duda y sospechar que lo dicen en una amable ignorancia, o simplemente concluir que sus argumentos son falaces y tramposos.


¿Dónde está el problema? En que la Peshitta que data del siglo I es la del Tanaj, NO LA DEL NUEVO TESTAMENTO. Esta última, data del siglo V, y la gran mayoría de los especialistas considera que se trata de una traducción al arameo de los textos originales EN GRIEGO. La prueba es simple: el tipo de escritura usado en la Peshitta acusa rasgos bizantinos. Además, no está en arameo palestino, sino en arameo siriaco (el arameo del cristianismo, no el del judaísmo).
Por eso, las frecuentes citas al idioma hebreo sólo son un intento por darle al Nuevo Testamento un forro que no tiene (si, por lo menos, citaran el arameo de la Peshitta, habría un poco más de honestidad intelectual). Se trata de traducciones, no de palabras originales. Claro, a la hora de engatusar incautos, igual y pueden funcionar. Pongo un ejemplo:


En un debate que leí en internet, que giraba en torno al tema de la deidad de Jesús o su preexistencia como individuo, se le argumentó a un nazareno que Pablo, al citar un antiguo Himno conocido como el Misterio de la Piedad, comienza diciendo “D-os fue manifestado en carne”.
El nazareno refuta que esa no es la palabra original del pasaje, y que se debe tratar de una traducción incorrecta —o por lo menos inexacta— del hebreo Elohim, que puede traducirse como “D-os”, pero también de otros modos.
Correcto, salvo que tenemos un problema: no existe ninguna evidencia de que ese texto originalmente haya sido escrito en hebreo. Tampoco, que ese himno haya sido cantado primero por comunidades hebreo parlantes.
El punto de partida es un texto en griego, y en ese idioma, el texto dice “D-os fue manifestado en carne”. Así que, si se trata de hacer un trabajo serio de exégesis, el punto de partida es ese, y no un supuesto texto que debió decir otra cosa. Eso, en términos simples, es una farsa de muy mala calidad.


¿Cuál es el problema de los Natzratim?

Que judaizaron a Jesús tanto, que tienen que recurrir a la sistemática y arbitraria alteración del sentido claro del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en el caso que cité, se recurre a un supuesto original que no existe, para demostrar que cuando dice “D-os fue manifestado en carne”, no se debe entender que “D-os fue manifestado en carne”. Sino todo lo contrario.

Vez tras vez, los argumentos de los Natzratim son lo mismo: enfrentarse con lo que el Nuevo Testamento dice, para luego intentar demostrar que no lo dice, sino que todo es culpa de la malinterpretación cristiana, basada en no haber entendido el idioma hebreo, pese a que no hay evidencia alguna de que exista un antecedente en hebreo del Nuevo Testamento completo.
¿Cuáles son los temas que los Natzratim tienen que forzar, tergiversar y alterar para poder ajustar —bueno, eso creen ellos— el Nuevo Testamento a sus ideas sobre Jesús? Principalmente, los siguientes:


a) Que Jesús es D-os encarnado
b) Que la Torá es obsoleta
c) Que las instituciones de la Torá han quedado anuladas
d) Que el judaísmo está “desgajado” de los pactos de D-os
e) Que el Nuevo Testamento es para gentiles

Apelan a que para demostrar que esas ideas son falsas, sólo hay que hacer una lectura judía del Nuevo Testamento, pero no explican por qué rayos, durante dos mil años, al judaísmo jamás se le ocurrió eso. Por el contrario: la experiencia universal en el judaísmo, ha sido que —al leer el Nuevo Testamento— queda claro que ahí se enseña que Jesús es D-os, que la Torá está obsoleta, que sus instituciones están anuladas, que el judaísmo ha sido desgajado por D-os, y que el patrimonio de las promesas ahora es para los gentiles. Por eso, el judaísmo siempre ha rechazado al Nuevo Testamento, porque es incompatible.

Eso es, en resumidas cuentas, el movimiento Natzratim: un grupo de cristianos (básicamente, de origen adventista) que judaizó demasiado a Jesús, y que para justificar sus puntos de vista, intentan forzar al Nuevo Testamento hasta lo inverosímil, cayendo en argumentos ilógicos, insostenibles, y que provocarían la risa de cualquier especialista de postura neutral y fría.
Como plus a todo este sinsentido, apelan a que son los herederos del grupo de judíos que siguieron a Jesús. Dicho en otras palabras, que son los verdaderos seguidores de Jesús.


La evidencia histórica es contundente: los nazarenos —si acaso fueron los continuadores de los seguidores originales de Jesús— desaparecieron hacia el siglo VI.
La prueba simple es que nadie podría citar los nombres de ningún nazareno destacado desde el siglo II hasta el siglo XX, y menos aún documentos trascendentales que expliquen los puntos de vista nazarenos, ni sus controversias con el judaísmo rabínico (digo, si se tienen registro de las controversias entre caraítas y rabínicos, debería haberlo también de los nazarenos).

Lo que tenemos hoy apareciendo por todos lados en internet sólo es otra secta surgida del contexto evangélico, que viene a convertirse en el inevitable cisma en el interior de las tendencias mesiánicas.
Es decir: otro grupo de cristianos que, ya sea por ingenuidad o mala leche, verdaderamente se cree que son la recuperación del verdadero mensaje de Jesús y, con ello, portavoces del verdadero judaísmo.